Programa espía, cuenta espejada, sesión abierta en otro dispositivo y rastreador oculto: qué es señal, qué es mito y cómo examina el peritaje.
Quien se siente vigilado quiere terminar con la vigilancia en el acto. Borra la aplicación extraña, restaura el celular, arranca el rastreador del auto. Cada gesto pone fin al espionaje y borra la prueba de quien lo instaló.
El abogado recibe la sospecha mezclada con mitos. Que la batería se agote y que el aparato se caliente no prueba nada. Y mucha vigilancia ni siquiera necesita un programa: basta una sesión de WhatsApp abierta en otra computadora o una copia de seguridad en la nube con una contraseña conocida.
La técnica correcta invierte el orden: preservar, examinar, eliminar. El dictamen pericial dice si hay vigilancia, cómo funciona, desde cuándo y, cuando los vestigios lo permiten, quién está del otro lado. Y dice cuándo la sospecha no se sostiene.
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Una persona sospechaba que había un programa espía en sus celulares y computadoras, pero no entregó las contraseñas. Los aparatos quedaron en una caja de Faraday, con internet simulada, de cinco a diez días, para detectar conexiones con un servidor de comando. El dictamen registró lo que mostró la observación y declaró, en un capítulo propio, el límite impuesto por la falta de las contraseñas.
Una empresa encontró una minicomputadora conectada a la red interna, con módem 4G propio. El peritaje mostró que había escaneado más de mil equipos y accedido a carpetas con una credencial de red. Las claves de acceso remoto, las redes Wi-Fi y el peritaje del chip se usaron para señalar la autoría. El área de TI había manipulado el aparato, y las huellas dactilares se perdieron.
Una ejecutiva nota que alguien sabe por dónde anduvo. El barrido del auto encuentra un rastreador Bluetooth debajo del asiento. El peritaje registra el lugar y la forma de instalación, preserva el aparato y documenta el número de serie, base para pedir al fabricante, por vía judicial, la cuenta vinculada.
Una clienta está segura de que hay un programa espía en su celular. El examen no encuentra ninguno, pero encuentra una sesión de mensajería abierta en una computadora desconocida, vinculada meses antes. La vigilancia era real; el medio era otro.
En parejas, con el relato ficticio de una clienta que se siente vigilada y cinco "señales", los participantes usan el Triaje de la sospecha durante 10 minutos: clasifican cada señal (sin valor, merece examen, urgente) y enumeran lo que el cliente hace hasta la preservación. El instructor comenta las clasificaciones.
Normas y decisiones analizadas
Código Penal brasileño, arts. 147-A y 154-A · Ley 11.340/2006, art. 7º, II (Ley Maria da Penha) · Ley 9.296/1996, art. 10 (ley brasileña de interceptación de comunicaciones) · Constitución Federal de Brasil, art. 5º, LVI · Ley 15.211/2025, art. 19, § 1º (ECA Digital)
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